jueves, abril 20, 2006

UN VIAJE A "LOS FRESNOS"

El martes 11 de abril, tardecito, a eso de la 1:15 de la tarde, salimos de casa, JC, Ludovico (el incansable viajero), Fafner (nuestro dragón rojo) y yo, rumbo a Los Fresnos.

El camino transcurrió feliz, si omitimos la parte en que un retén militar nos detuvo a medio camino para urgar en las entrañas de Fafner, obligándonos a recordar a nuestro querido amigo el "Mate" y a cantar:
When I find myself in Sonorita
LOS MILICOS come to me
Speaking words of wisdom, UN RETÉN, UN RETÉN.
(Nos hubiese gustado que El Mate cantara con nosotros en este viaje... fuf)


Para ir a Los Fresnos, si uno va por la carretera rumbo a Nogales, en Imuris hay que tomar la desviación hacia Cananea. JC me había dicho que esa sería una horrible carretera de curvas pero, ¡sorpresa!, resultó ser una carretera hermosa, bañada con la intensa luz sonorense, entre sierras cubiertas de bosques, pastos y encinos (en Sonora los encinos son chaparritos je je).


Finalmente llegamos! (5:58 pm). Ya a la entrada el comité de bienvenida de Los Fresnos, al que tienen bien entrenadito para que reciba a los invitados, nos esperaba. Un grupo de codornices de Gambell que agita al unísono sus pomposos copetitos en señal de saludo, nos recibió cortésmente.
Y bueno, por donde empezar para describir Los Fresnos… Uno, tan verde como es, pensaría que para que un paisaje sea perfecto deberá de contener altas dosis de verde, debería de incluir abundantes y altas plantas verdes entretejidas, verdes selvas exóticas, bosques verdes, verdes etc… pero, ¿qué pasa aquí? es un misterio. De pronto uno se enfrenta a enormes e increíbles pastizales, y resulta que el amarillo es profundamente cautivador, el amarillo se extiende para cualquier parte que voltees, y sin que sepas cuando sucedió, zas!, ya estás hechizado de amarillo, y lo único que te queda por hacer es sonreír, con el corazón inundado de amarillo y profundamente feliz.



Para los que se preguntaban ¿Qué tan lejos está este paraíso praderil?, la respuesta es: ¡MUCHO!. Con decirles que la cerca que ven en la foto, que es uno de los límites del rancho, separa a nuestro paicito de los United States...
Al fondo, las montañas Huachucas, en el estado de Arizona.



Estuvimos ahí varios días, compartiendo la casa con un grupo de biólogos de la Universidad de Arizona que estaban levantando un censo de las especies que habitan el rancho, especialmente de aves, insectos y plantas. En un par de días ya habían encontrado más de 15 especies de hormigas distintas (y yo que pensaba que sólo existían las negras chiquitas y las rojas grandotas…), ¡y más de 120 aves diferentes!, ¡ORALE!. He de decir que los buscapájaros son impresionantes, reconocen a todas las aves por su canto y por si fuera poco, pueden reproducir el sonido de la hembra ave para que el macho ave aparezca. Mis respetos. Yo con mi limitada vista, pude ver sólo a algunas especies, pero no me quejo, pues tuve la suerte de ver, volando en libertad, a un enorme y bello búho cornudo y, de vez en cuando, a alguna que otra avechucha que andaba distraída por ahí, como el Pradero Tortilla-con-Chile de la primera foto (aún se le debe una disculpa a esa ave por haberle puesto semejante nombre -…la pobrecilla-), o el garzón cenizo que comparte troncos con el águila pescadora de la segunda foto (créanme, la mancha negriblanca que está sobre el tronco, era un águila pescadora).


La principal razón de la visita de Ludovico a Los Fresnos era verificar, apegándose a un estricto rigor científico, que el terreno fuese “perriteable”, es decir, valorar si los perritos de las praderas podrían considerar al rancho como un lugar digno para vivir en él.
Fafner, por su parte, no echa nada de menos el asfalto de la ciudad. El terreno irregular es lo suyo. Las praderas, especialmente, son un goce interminable, pues los largos pastos le cosquillean por debajo. Si uno va conduciendo al noble dragón, se puede sentir, muy suavemente, una sutil y delicada vibración de júbilo. Ronroneo de dragón.

Varios arroyos cruzan y nacen en Los Fresnos. Corren suavemente por sobre la tierra, poblados de ranas y demás bichos pero, a ratos, les da por ocultarse y van por debajo. De cualquier forma, es fácil seguir su curso, no se pueden escapar, pues una línea de altos árboles siempre los acompaña.
Aquí nace el arroyo Agua dulce.


En el arroyo Los Fresnos.


Esperar ansiosamente los momentos en que el sol se iba escondiendo detrás de las montañas fue tarea de todos los días. Afortunadamente, las ansias se vieron satisfactoriamente saciadas gracias al espectáculo que ofrecen, pradereños como los que más, los atardeceres desde la casa de Los Fresnos. Lo mejor para terminar el día outdoors.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

.....::::: ¡ SIMPLEMENTE EXCELSO ! :::::.....

Mariana Sánchez dijo...

Y en vivo es mejor...

Anónimo dijo...

"¡Un retéeeeeen un reteeeeeen, un reteeeeeen un reteeeeen!, Speking words of wisdom...
Que nostalgia de viajar con el mate cantando canciones bobas por las carreteras del país. Mientras tanto, Fafner sigue acumulando kilómetros y nosotros años, paisajes, experiencias, fotos y muchos recuerdos bellos que se perderán "...like tears in rain" pero que mientras nos llenan de vida a los que el camino nos convoca con su canto de sirena.

Anónimo dijo...

Ahora si que EL MUNDO MARLBORO, no?
Ya solo les falta su sombrero y su caballo.